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<p>El murmullo de las máquinas de coser y de las tijeras, pone banda sonora a la cuarta planta del edificio Pronovias. Un rumor blanco que caracteriza a un taller con más de medio siglo de tradición y en el que actualmente trabajan 30 personas, en su mayoría mujeres.</p>
“Cada vestido es un reto” explica una de las patronistas. “Solemos invertir una media de 80 horas de modelaje y 160 horas de costura a máquina por pieza. Sin contar los bordados, que se realizan exclusivamente a mano e incrementan el tiempo de dedicación”.
El murmullo de las máquinas de coser y de las tijeras, pone banda sonora a la cuarta planta del edificio Pronovias. Un rumor blanco que caracteriza a un taller con más de medio siglo de tradición y en el que actualmente trabajan 30 personas, en su mayoría mujeres.
“Cada vestido es un reto” explica una de las patronistas. “Solemos invertir una media de 80 horas de modelaje y 160 horas de costura a máquina por pieza. Sin contar los bordados, que se realizan exclusivamente a mano e incrementan el tiempo de dedicación”.
<p>El murmullo de las máquinas de coser y de las tijeras, pone banda sonora a la cuarta planta del edificio Pronovias. Un rumor blanco que caracteriza a un taller con más de medio siglo de tradición y en el que actualmente trabajan 30 personas, en su mayoría mujeres.</p>
“Cada vestido es un reto” explica una de las patronistas. “Solemos invertir una media de 80 horas de modelaje y 160 horas de costura a máquina por pieza. Sin contar los bordados, que se realizan exclusivamente a mano e incrementan el tiempo de dedicación”.
El murmullo de las máquinas de coser y de las tijeras, pone banda sonora a la cuarta planta del edificio Pronovias. Un rumor blanco que caracteriza a un taller con más de medio siglo de tradición y en el que actualmente trabajan 30 personas, en su mayoría mujeres.
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